lunes, 31 de octubre de 2016

España sigue concibiendo la transexualidad como una enfermedad mental

Manifestación Orgullo LGTBI de Valencia, 2016 / EFE 


Salvo en algunas comunidades, a las que se suma ahora Cataluña, las personas trans necesitan un diagnóstico clínico de disforia de género para acceder a la hormonación o a cirugías de reasignación
En España una ley de 2007 requiere esta justificación médica para la modificación del sexo en los registros oficiales

"¿Quién no modifica hoy en día su cuerpo para sentirse mejor?, ¿son todo eso trastornos?", cuestiona el activista trans Pol Galofremás INFO
Un diagnóstico psiquiátrico. Es lo que precisa la mayoría de personas transexuales en España para poder acceder a tratamientos hormonales, cirugías de reasignación o modificación del sexo en los documentos oficiales. Deben acreditar médicamente que sufren disforia de género, un "malestar" asociado a la diferencia "entre el género experimentado o expresado y el que los demás le asignarían".

Es la definición que la Asociación Estadounidense de Psiquiatría hace en el manual de enfermedades mentales de mayor influencia, el DSM. En su ultima edición, de 2012, movió la transexualidad de la categoría de trastornos sexuales a una propia y la renombró. Y aunque la asociación acepta que no es una enfermedad en sí misma, los colectivos LGTBI y activistas trans llevan años pidiendo salir de la llamada "biblia de la psiquiatría".

Lo mismo exigen a la Organización Mundial de la Salud (OMS), que en la décima versión de la Clasificiación Internacional de Enfermedades (CIE-10) incluye "los trastornos de identidad de género" bajo el epígrafe "trastornos mentales y del comportamiento". Una filosofía que subyace en la mayoría de los países del mundo, también en España. 

La falta de regulaciones o la diversidad de normas dibujan un panorama autonómico desigual. Hay leyes en comunidades como Navarra, País Vasco o Canarias, pero las más despatologizantes, en opinión de los colectivos trans, han sido las recientes de Madrid y Andalucía, que suspenden el requisito diagnóstico. A ello se suma ahora Cataluña, que ha diseñado un nuevo modelo de salud, y próximamente Valencia, que aprobará una norma en este sentido.

Autodeterminación de la identidad 

A nivel estatal, el pasado 26 de octubre la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados aprobaba una proposición no de ley impulsada por Ciudadanos y que apoyaron todos los grupos políticos salvo el PP. En ella se urgía al Congreso aprobar una ley que posibilitara tanto a menores como a adultos trans cambiar el sexo registral en los documentos oficiales sin necesidad de acreditar los requisitos a los que obliga la ley. 
"Es una declaración de intenciones que nos da un poco de luz, pero debe concretarse", apunta Mar Cambrollé, presidenta de la Plataforma por los Derechos Trans. La norma de 2007 establece como condiciones para modificar el nombre acreditar "que le ha sido diagnosticada disforia de género" y que "ha sido tratada médicamente durante al menos dos años  para acomodar sus características físicas a las correspondientes al sexo reclamado". 

En este sentido, el Consejo de Europa adoptó en abril de 2015  una resolución que insta a los Estados a " garantizar que las personas transexuales, incluidos las menores, no sean considerados como enfermos mentales". Amnistía Internacional también ha solicitado que "el reconocimiento de la identidad de género no debe hacerse depender de diagnósticos psiquiátricos", apunta en su informe 'El Estado decide quién soy'.
El borrador que ha elaborado la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (FELGTB) exige la aprobación de una ley estatal que se base en el derecho a la autodeterminación de la identidad de género y que garantice que  "ninguna persona podrá ser obligada a someterse a tratamiento, procedimiento médico o examen psicológico". Quieren asegurarse de que no haya desigualdades según la comunidad autónoma y virar el rumbo hacia la despatologización.

Más allá de avances autonómicos como Andalucía, que permite la modificación registral en la tarjeta sanitaria, o Aragón, que obliga a los centros educativos a tratar al alumnado por su sexo sentido, España sigue contradiciendo algunos parámetros internacionales. Países como Argentina, Dinamarca, Noruega o Irlanda ya han reconocido en sus legislaciones el derecho de que cada persona decida cómo quiere ser tratada legalmente sin necesidad de diagnóstico médico.  

¿Y las operaciones estéticas?

Este cambio de filosofía está basado en un giro del enfoque que, para el activista trans Pol Galofre, parte de asumir que el malestar que puede sentir una persona trans "no es intrínseco". "¿Qué es lo que genera malestar? ¿Su propio cuerpo o la mirada que el sistema nos devuelve de él?", cuestiona. Asegura que generar "tu personalidad en torno a un problema implica pensarte y crecer entendiendo que tienes una patología, algo que merma la propia autoestima".

La ginecóloga Rosa Almirall puso en marcha hace cuatro años en Barcelona el servicio de salud Transit, en el que se ha basado la Generalitat para implementar el nuevo modelo. En su opinión, el papel médico debe centrarse en la escucha y en el acompañamiento porque "la única prueba diagnóstica es su relato de vida". "No me dice nada", concluye sobre el término disforia de género. "Yo como mujer también puedo tener ese malestar, que es social", prosigue.

El relato de ambos se asienta sobre una crítica al binarismo hombre-mujer, a la noción de género y a la idea de que todas las personas trans desean seguir un camino hormonal y quirúrgico predeterminado. Sobre la necesidad de modificar el cuerpo, Galofre se pregunta: "¿Quién no modifica hoy en día su cuerpo para sentirse mejor? ¿Y las dietas, los gimnasios, los blanqueamientos dentales o las operaciones estéticas? ¿Son todo eso trastornos?".

El género, dice, "es una construcción social, si el cuerpo no determinase el género, la gente no tendría necesidad de modificarlo". Galofre pone el acento en la necesidad de ampliar los imaginarios sobre cuerpos diversos en vez de seguir insistiendo en que "estos cuerpos están equivocados y que se arreglan modificándose". "¿Hasta dónde? ¿Hasta cuándo? ¿No sería más interesante trabajar para erradicar las presiones que se ejercen y ampliar los cuerpos habitables?".
Fuente: eldiario.es

Esperando a que cambie mi chico

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    “Esperando a que cambie, seguro que algún día lo hará, lo conseguiré”. Pues espérate sentado… Esto es lo que les digo a algunos clientes cuando me hablan de sus parejas o exparejas, relaciones no cerradas, que intentan mantener un hilito de esperanza. Creen que el secreto está en que la otra persona cambie.

¡Qué manía tenemos de querer cambiar a la gente! Y a nuestras parejas ya ni te cuento. No tenemos el poder de moldear a nuestra pareja a nuestra imagen y semejanza, como nuestra pareja no tiene ese poder sobre nosotros, aunque a muchos ya le gustaría. Aparte, estoy convencido que no quieres que nadie te cambie, que respete tu libertad y forma de ser. Pues creo que a tu pareja le puede pasar algo parecido. Tu forma de ver la vida o la relación no es la verdad absoluta, es tu verdad, como tu pareja tiene la suya.

Un ejemplo, recuerdo la primera relación que tuve, yo era, y soy, fumador; él me conoció ya como fumador y él era antitabaco, tras unos meses nos fuimos a vivir juntos, y se cabreaba conmigo porque fumaba, y yo consentí y fumaba a escondidas, hasta que me dije que ya estaba bien, que ya me conoció así, y que dejaría de fumar si yo quería, de forma voluntaria.

Vamos con el discurso de que nosotros aceptamos a los otros tal y como son… ¡y un jamón para ti y otro para mí! De manera consciente o inconsciente intentamos hacer cambiar a la otra persona: vestuario, comportamiento, amistades, hábitos, prácticas sexuales, etc. No respetamos a la otra persona como es, que no significa que haya cosas que no se puedan o se quieran cambiar, pero no por obligación sino por devoción.

pareja gay copy copy copy copy copyPara mí, este es uno de los secretos para que una relación funcione, la aceptación tal y como es, sin cambiar nada, de la otra persona; porque de lo contrario no estás enamorado de tu pareja, sino de la imagen que tú quieres crear de esa persona, o del ideal de hombre que tú tienes en tu cabeza. Amar al otro es ante todo respeto, y si no te gusta lo que ves, nadie te obliga a estar a su lado. Al igual que la base de la autoestima, como ya he hablado en artículos anteriores, es la aceptación plena de uno mismo, con lo que gusta y lo que no, ya vendrán los cambios después; con tu pareja es igual.

Trabaja desde la aceptación al otro, aunque para ti sea un bárbaro o un guarro, por decir algo, si lo quieres de verdad, trabaja desde ahí, porque esperar a que el otro cambie para quererlo, eso no es amor ni nada parecido, es puro egoísmo.

Por otro lado, dile en primera persona, lo que no te gusta, sin acusar, ni exigir, desde la aceptación. Y sino, mejor no digas nada. Te aseguro que desde ahí todo funciona mucho mejor, es mucho más relajada la relación. Podría entrar en más detalles, pero ahí lo dejo, si quieres saber más o preguntar, a tu disposición, como siempre.

A alguno seguro que el cable se le cruza al leer esto, ¿cómo voy yo a aceptar a mi pareja asi o "asao"? Pues si, porque él, ahora mismo, por lo que sea, es así; igual que tu, por ahora, y por lo que sea, eres "asao".
Fuente: Cascaraamarga.com


domingo, 30 de octubre de 2016

Soy Solosexual

 

¿Qué tal te llevas contigo mism@? ¿Y con tu cuerpo? Es más: ¿Cómo te relacionas con tu sexualidad? ¿Sabes lo que significa el termino solosexual? Se refiere a aquellas personas que sólo tienen sexo consigo mismas. Sin embargo no es necesario llegar a este extremo para aprovechar la oportunidad de hacer una lectura positiva y aplicarlo en nuestra vida sexual siempre que nos pueda aportar algo bueno.

Hace unas décadas, no tantas, la masturbación estaba mal vista y hasta casi demonizada. Existían creencias que afirmaban consecuencias perjudiciales para aquellos que lo hacían regularmente. No se hablaba de ello demasiado y si se hacía era con cierta vergüenza o hasta culpa. Afortunadamente la sociedad ha cambiado y hoy en día no sólo se considera algo natural sino necesario en el desarrollo de la sexualidad personal y no sólo durante la adolescencia sino durante toda la vida.

Existe la creencia de que cuando se está en pareja y uno de los miembros se masturba a solas es porque algo no funciona bien entre ellos a nivel sexual, pero no tiene por qué ser así. No vamos a entrar ni mucho menos juzgar si la solosexualidad es algo bueno o si por lo contrario esconde alguna disfunción del tipo que sea, o alguna otra razón como el miedo al compromiso, a no dar la talla, una obsesión compulsiva...

Pero... ¿Cómo podemos modelar este término en beneficio de nuestra sexualidad personal y de pareja? ¿Podemos ser puntualmente solosexuales? No solamente podemos, sino que seguramente es algo necesario, sano y que nos ayudará mucho a conocer nuestro propio cuerpo de una manera mucho más íntima, sin límites, sin presiones, sin miedos ni expectativas, y como resultado, mejorará nuestra sexualidad con quién queramos compartirla.

La relación más importante que podemos tener es con nosotros mism@s, y esto también se aplica a la sexualidad. Cuando somos capaces de sentirnos bien a solas, nos sentiremos también bien en compañía; lo mismo ocurre con el sexo, cuando nos conocemos bien sexualmente y disfrutamos de nuestro propio cuerpo, tendremos más facilidad y oportunidad de disfrutar nuestra sexualidad en pareja. Nos ayudará a comunicar y trasmitir a nuestra pareja qué es aquello que nos gusta en el sexo, lo que nos estimula, lo que nos da placer...

En ocasiones nos gusta hacer cosas en soledad y otras veces queremos hacer esas mismas cosas con otros. Tú elijes, tu cuerpo es tuyo, tu sexo es tuyo, un sexo propio que decides compartir o no con quién tú elijes cuando y como quieras.
Fuente: NosGustas.com


Marcela y Elisa, las primeras lesbianas casadas en España tendrán una calle con su nombre

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Nos encanta esta noticia, nos encanta la visibilidad lésbica y las iniciativas que rescatan nuestra historia, llena de mujeres valientes que lucharon por el amor y la libertad.
Es el caso de Marcela y Elisa, la primera pareja de lesbianas casada por la Iglesia en España. Espera… ¿por la Iglesia? Pero si eso no se puede. Y menos se podía en 1901, año en el que se llevó a cabo la boda.

Marcela y Elisa se enamoraron en la aldea de Dumbría e incluso convivieron juntas antes de casarse sin llamar la atención. Eran profesoras, los sueldos eran muy bajos y en aquella época era normal que las maestras se juntaran para poder salir adelante.

Marcela se quedó embarazada y Elisa decidió llevarla al altar. Para eso se inventó una identidad. Pasó a llamarse Mario Sánchez, católico convertido, recién llegado del Reino Unido. El cura, encantado de ganar un adepto a la causa, no tuvo problemas en bautizarlo primero y casarlos después. ¡Muy listas! Y muy enamoradas…

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A Coruña fue la primera ciudad en reconocer un matrimonio homosexual, aunque las autoridades no se dieron cuenta de que lo hacían. Marcela y Elisa unieron sus vidas ante la Iglesia en 1901, gracias a que la segunda se hizo pasar por un hombre, Mario.

El Ayuntamiento de la ciudad quiere homenajear a estas dos pioneras y dedicarles una calle como “reconocimiento a sus identidades sexuales”. La propuesta llega desde el partido gobernante, Marea Atlántica, y será aprobada en pleno gracias al apoyo del resto de partidos de izquierda.

El matrimonio decidió permanecer en Dumbría y esa fue su perdición. La farsa se descubrió un mes después de la boda y empezó el calvario de las dos amantes. Elisa escapó de un linchamiento público y tuvo que someterse a un examen médico.

Las dos huyeron con el niño, primero a Portugal y después a Argentina. Allí se pierde su historia, una historia que el ensayista Narciso de Gabriel, decano de la Facultad de Ciencias de la Educación, ha trasladado al libro Elisa y Marcela: Más allá de los hombres, publicado en 2010. Antón Reixa se hizo con los derechos de la novela para que Isabel Coixet la lleve al cine.

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Fuente: La Sexta



sábado, 15 de octubre de 2016

Lesbifacts: Cosas que escuchas cuando dices que tu pareja es una mujer

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Esto de ser lesbiana es realmente enriquecedor, te encuentras con situaciones que la gente que se “autodenomina normal” no puede imaginar o experimentar a lo largo de su vida. Ser lesbiana te confiere un carácter especial, ingenioso y fuerte, con una dosis extra de paciencia y amor hacia tu prójimo que te hace sonreír ante los comentarios más absurdos, ofensivos y punzantes que tienes que oír cuando conocen tu opción afectiva-sexual, pero al lío que me lío.

Y es que cuando los astros se confabulan para darte ese empujoncito final y dices/confiesas/sueltas/gritas (escójase la opción más apropiada para la ocasión) que tu pareja es una mujer aparece de forma incontrolada la inminente necesidad (por no decir urgencia) por parte de tu interlocutor/a de ponerle cara (y medidas) a tu pareja. Aparece esa ansiedad digna de estudio por las prisas de conocerla, mejor hoy que mañana, y qué poco les importa si, en primer lugar, a mi me apetece presentarla, en segundo, si a ella le apetece ser presentada.

Yo entiendo que todos tenemos ese lado cotilla y es muy humano husmear en la vida de los demás, pero no recuerdo ni una sola ocasión en que una compañera de trabajo al comentar que tiene novio o marido a los compañeros que estos hayan hecho gesto extraño alguno y mucho menos … preguntar por su pareja y exigir su foto. Es más, cuando mis primos tenían sus parejas, pues a esperar a las Navidades para la presentación oficial.

En cambio cuando digo que mi pareja es una mujer se desata alguna fuerza desconocida de la naturaleza que les impulsa a todos tipos de gestos o tics (el típico es tragar saliva y abrir los ojos más allá de la Vía Láctea) y al bombardeo continuo y persistente de preguntas. Las hay de todo tipo y categorías, en estas situaciones la imaginación de mis interlocutores puede llegar a ser desbordante y rebosar el buen gusto y sentido común. ¿Quién no ha oído algunas de las siguientes?

          – La típica y grotesca: ¿quién hace de hombre?, y entonces sonríes y con esa mirada de alma cándida y voz pausada le dices … no sé si te has dado cuenta, somos dos mujeres.

– La simple: ¿tú estás segura, pero si eres muy femenina? Sí, estoy segura, y no puedes evitar esa sonrisa traviesa porque recuerdas que hace ya muuucho tiempo que sabes que te gustan las mujeres.

– La elaborada y retorcida: ¿Es tu primera relación lésbica, dónde os conocisteis, llevas mucho tiempo con ella? Uyyyy, cuidado que esta pregunta es trampa. Mi consejo es decir sí, es mi primera relación y me la presentó mi prima la abogada/farmaceútica/médica o aquel familiar que tenga más licenciaturas o diplomas. Quién realiza esta pregunta ya te está prejuzgando, si es la primera relación es que aún tienes salvación, puede ser una fase, que te quede claro que ellos tienen derecho a experimentar muchas relaciones pero tú no, porque ya te etiquetarán como una de esas que va de flor en flor. ¿Dónde? quiere conocer tu entorno íntimo y que tipos de garitos visitas porque esa imagen que proyectas en el trabajo no se puede ajustar a la realidad … porque eres lesbiana. Mucha gente le cuesta pensar y entender que conociste a tu pareja en un sitio “normal”, cafetería, universidad, trabajo, amigos … Y en cuánto al tiempo de relación de pareja si es mucho se asombrarán y si es poco te dirán … quizás sea esta el amor de tu vida.

– Una de las que más risa me da: ¿Y cómo te diste cuenta de que te gustaban las chicas?

Al principio pensé que yo era la causante de todas esas reacciones en cadena, en aquellos tiempos me dejaba llevar por el qué dirán y prestaba mucha atención a los juicios y perjuicios de mi entorno, casi me preocupaba más el no ofender que el que me ofendieran. Más de una hemos sentido esa presión social y familiar que te obliga de manera involuntaria a no hablar de tu vida privada o íntima. Pero los años y las ganas de vivir y sentir “a mi manera” me hicieron ver que el problema era de ellos no mío. Y entonces lo hablas y te das cuenta que no eres la única, que es “práctica habitual” a todas. Y no digamos ya el acoso o derribo al que someten a famosas y conocidas, que bien han declarado su opción sexual o hay “sospecha” de la misma. Todavía recuerdo a Risto Mejide insistiendo de forma impertinente y con una falta de respeto absoluta hacia Vanesa Martín al preguntar sobre su relación con Malú, el outing a Sandra Barneda, Maria Casado .. por citar algunos ejemplos de tantos.

Y yo me pregunto en estas situaciones … ¿por qué? Acaso conozco yo a tu marido o novio, y la respuesta que me dan es … “mujer, lo tuyo es diferente, no seas tan reservada”, y justo en ese momento reprimo todos mis impulsos primarios a fin de conservar la calma y digo … “no te creas, no somos tan diferentes, que el amor no entiende de géneros”.
Fuente: MiraLes MGZ